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Cómo el temblor del 85 transformó positivamente a la sociedad mexicana (y el del 2017 podría por fin lograrlo)

Política

Por: pijamasurf - 09/23/2017

Temblores que despiertan: ¿Cómo podemos aprender de la reacción del 85, para que en el 2017, la energía solidaria logre cambios tangibles?

El temblor del 19 de septiembre de 1985 es recordado cómo el origen de la llamada sociedad civil y una especie de despertar ciudadano. La narrativa que ha pasado a la historia de este evento, que se considera también "un sismo político", sostiene que ante la parálisis del gobierno priista, se produjo una respuesta masiva en lo que en ese entonces era llamado "el pueblo", un concepto que se había afirmado en la lógica posrevolucionaria y que reeemergería como la sociedad civil en los meses posteriores al temblor del 85. Sumido en una especie de letargo impotente ante la largamente aceitada maquinaria política del PRI, que Vargas Llosa llamara la "dictadura perfecta", el pueblo no parecía creer en su poder y no contaba con organización, pero al movilizarse para salvar víctimas y exigir resarcir a los damnificados, descubrió una capacidad latente. Algunos historiadores y algunos actores políticos que se consolidaron a partir de este evento, señalan que de alguna manera la llamada transición democrática tuvo su epicentro en este sismo. En este artículo veremos algunos relatos de lo sucedido y de cómo esto detonó la conformación de la sociedad civil -y así una transformación en la conciencia social. Asimismo citaremos algunas voces que han señalado también las carencias y la insuficiencia de este movimiento, el cual, señalan, ha sido de alguna manera cooptado por el poder, sin lograr verdaderamente producir cambios tangibles. De esto último se podría tomar notas para buscar que la nueva movilización social sea la maduración de este llamado "despertar" del 85 -temblores que despiertan.

En 1995, el New York Time publicaba una nota de investigación astutamente titulada: "The Quake that Shook Mexico Awake". Así describe lo sucedido:

En las confusas semanas cuando el gobierno que había estado en el poder durante mucho tiempo probó ser incapaz de gobernar, las personas decidieron tomar control de sus propios destinos.  Amas de casa y escritores organizaron a vecinos para buscar víctimas y montar albergues. Luego esos mismos grupos exigieron al gobierno, confrontando a oficiales con demandas para los damnificados, o se opusieron a proyectos que dañaban el medio ambiente. De estos comienzos, un movimiento de oposición creció y casi gana la elección presidencial, mostrando que se podía vencer al PRI...

Habrá quien argumente que en realidad ese movimiento de oposición, que surgió en gran parte de disidentes del mismo PRI, en realidad sí ganó, pero el mismo sistema fue capaz de blindarse, entre otras cosas por la falta de organización de la sociedad civil ante un aparente fraude electoral (aunque eso es otra historia). El gran cronista mexicano Carlos Monsivais utiliza tempranamente en el 85 la palabra sociedad civil y esa otra palabra que también se inscribiría en la conciencia colectiva y cobraría gran repercusión (y uso político) incluso convirtiéndose luego en una secretaría, "solidaridad":

No ha sido únicamente, aunque por el momento todo se condense en esta palabra, un acto de solidaridad. La hazaña absolutamente consciente y decidida de un sector importante de la población que con su impulso desea restaurar armonía y principios vitales, es, moralmente, un hecho más vasto y significativo. La sociedad civil existe como gran necesidad latente en quienes desconocen incluso el término, y su primera y más insistente demanda es la redistribución de poderes.

El poeta Homero Arjidis le dijo al Times que durante la tragedia del 85, fue evidente que los ciudadanos debían de hacer las cosas por sí mismos, y la conciencia mayormente pasiva de la ciudadanía se tornó activa. Aunque poco a poco se fue menguando ese "activismo" aún así se lograron cosas tangibles, como evitar que se construyera un campo de Golf en Tepoztlán.

Marco Antonio Rascón, quien empezó su carrera política a partir de los eventos que siguieron al sismo, siendo uno de los que organizaron a las víctimas del terremoto (su cuñado murió en el sismo) e incluso creando el personaje de Superbarrio (emulando a un rescatista), dijo al Times: "Fue un temblor social que afectó todo. Legitimo la forma de movilización popular en México".

En el 95 Jorge Ramos ensalzó el momento en el Reforma:

Hay una serie de fechas en la historia moderna que dejan ver como los mexicanos le han ido perdiendo la confianza a su gobierno. Ahí está la masacre de más de 300 estudiantes, mujeres y niños en la plaza de Tlatelolco el 2 de octubre de 1968, el masivo fraude electoral del 2 de julio de 1988, el alzamiento rebelde-indígena del EZLN el primero de enero del 94 (…) Pero a estos momentos clave de la descomposición del sistema y en la fractura del poder en México, hay que añadir ese 19 de septiembre de 1985, después del terremoto, cuando los habitantes de la capital se dieron cuenta de que no podían dejarle al gobierno el control de los asuntos más importantes de sus vidas.

Este mismo entusiasmo no fue compartido por Arturo Aguiar Zinser, quien escribió en 1995 que: "Cuando pasó la emergencia de 1985, así también el entusiasmo de la mayoría de las personas. "Hay que reconocer que en la igualmente catastrófica crisis económica de hoy, la sociedad mexicana no está ni cerca de ser tan combativa, tan dedicada ni tiene la misma solidaridad que la que manifestó días después del terremoto". Es evidente que la misma intensidad de la solidaridad no puede sostenerse por mucho tiempo, pero también debemos de reconocer esta tendencia a olvidar pronto, a reaccionar en el corto plazo pero no pensar en el mediano y largo plazo. La sociedad se conmueve emocional y visceralmente, reacciona ante escenas trágicas de alto impacto, pero no logra conmoverse de manera racional, sostenida, y, debido a esto, no logra consolidar cambios duraderos, que puedan incluso prevenir desastres en el futuro. Rafael Pérez Gay, irónicamente describe esto:

Somos maestros en paradojas. El movimiento civil del año de 1985 se integró o, si se quiere, se diluyó con el tiempo y al contacto con una red de organizaciones dedicada al coyotaje, al tráfico de la mentira. (…) Los polvos de aquellos lodos (no es metáfora sino alusión literaria) se han esparcido en la ardiente actualidad: en septiembre de 1985 surgió la Unión de Vecinos de la Colonia Centro, más tarde se llamó Unión Popular Nueva Tenochtitlán. Sus líderes fueron René Bejarano y Dolores Padierna. (…) Raíces y destinos similares compartieron la Coordinadora de Residentes de Tlatelolco, la Unión de Vecinos de la Colonia Doctores, Amanecer del Barrio de la Colonia Morelos, la Asamblea de Barrios de la Ciudad de México. Estas organizaciones han mostrado que todo camino es una desviación, y que todo origen puede ser borrado con la tinta indeleble de la trampa vendida como lucha social.

Alejandra Leal Martínez escribiendo para la Revista de Sociología, comenta sobre lo dicho por Pérez Gay: 

Los damnificados se han convertido veinte años después en un legado corporativo y clientelar del régimen priista. Dicho de otro modo, en las conmemoraciones de septiembre de 2005 se expresa un “sentido común” en el que las organizaciones populares han sido expulsadas de la sociedad civil a la que supuestamente dieron origen.

Así tenemos estos antecedentes, donde claramente vemos que el sismo del 85 -el cual fue bastante más fuerte que el actual- impulsó un movimiento de organización civil que ha sido importante en el proceso de democratización, que ha servido como una forma contrarrestar la hegemonía partidista, que ha logrado algunos triunfos, pero que con el tiempo fue menguando, fue siendo cooptada por el poder y cayó en algunos de los viejos vicios. Resulta particularmente relevante recordar hoy que estos movimientos tienden a desgastarse con el tiempo, a perder intensidad e interés, que nuestra memoria es corta y que vivimos hoy, incluso más que antes, en la era de la distracción, donde aunque todo alcanza una intensidad contagiosa que hemos llamado "viral", esto mismo es reemplazado rápidamente por una nueva noticia viral o incluso por un nuevo fenómeno de entretenimiento, de esta manera diluyendo nuestra atención y esfuerzo y en muchos casos haciendo que las promesas de cambio no fructifiquen. En los albores de lo que podría ser un nuevo "despertar" de la sociedad civil bajo la fuerza de la solidaridad -alimentada por la genuina empatía o en su defecto por la necesidad social de no quedarse fuera de la masa- hemos visto cómo existe un gran potencial de respuesta activa y afectiva, de tomar responsabilidad y organizarse entre ciudadanos. Incluso grupos que habían sido, quizás arbitrariamente designados como apáticos y desinteresados, como los millennials, han mostrado especial solidaridad, en algunos casos incluso proveyendo un esperanzador liderazgo. Ahora bien esto podría ser solamente el efecto de la magnificación del contagio mediático de existir en un ambiente dominado por las pantallas y sus plataformas digitales, es decir por estar "tan conectados". Y podría, tan fácil cómo se originó, caer en el olvido.  Este peligro ya ha sido identificado en la actualidad por el académico del Colmex Manuel Gil Antón:

Somos un país con una capacidad muy rápida para la acción y la protesta, pero nos cuesta mantenerla para que los procesos colectivos duren en el tiempo. 

Gil Antón considera que la gran respuesta que se ha presentado especialmente entre los jóvenes se debe a que estamos como generación en búsqueda de sentido; pasamos todo el tiempo involucrados con los medios digitales, pero no nos tomamos tiempo de reflexionar y sentir. Advierte: "No creo que esta vez sea diferente. Los jóvenes volverán a sus normalidad pasados unos días porque no hay estructuras organizativas. En todo caso, el deseo está siendo genuino". Sin embargo, existe la esperanza, de que al volcarse a las calles, al tener experiencias reales y no virtuales, y experiencias de profundo sufrimiento y compasión por el sufrimiento se pueda sembrar una motivación y una conciencia que supere los 15 minutos de fama de ayudar o de sentirse útiles y autogratificarse. El ser humano, más que en el ejercicio de sus derechos y en el libre albedrío, encuentra significado -una felicidad más verdadera- en tomar responsabilidades, en servir y saberse útil. El sufrimiento es el más efectivo de los agentes de cambio y crecimiento. Así las cosas, el reto evidentemente está en mantener una cierta energía, una compasión y una conciencia crítica -ya no el furor y la euforia y ni siquiera la indignación- cuando el temblor deje de ser noticia, cuando las cosas se enfríen y ayudar ya no parezca ser "de vida o muerte" (y es que siempre es de vida o muerte). Y transformar esto en liderazgo, dirección e imaginación, lo cual no sólo podría permitir resarcir de manera satisfactoria a los damnificados sino incluso transformar estructuralmente al país, que vive, ya desde antes de los últimos dos temblores, en un estado de desastre. Un ejemplo de esto, que puede volverse tangible, es la presión que se está montando para que los partidos políticos dirijan su presupuesto electoral a los damnificados.

 

Estamos en la antesala de la elección presidencial. Es hora de ver si Morena tiene no sólo la capacidad, sino la entereza para cumplir sus promesas

Estamos en la antesala de la elección presidencial, a casi un año, cuando el Estado de México se deja venir como una prueba de fuego hacia esa meta última. Hay tantas opiniones como hay ciudadanos porque la política nos atañe a todos, incluso la decisión de ser apolítico es una decisión política, aunque lo natural es que la política sea de interés general porque todos padecemos sus consecuencias. Y así estamos de nuevo viéndonos las caras quienes pensamos de una manera y quienes piensan de otra, sea de viva voz a través de una mesa, en las redes sociales o desde espacios como este.

Las riñas de los dos bandos contrarios me han hecho pensar que como ciudadanos a veces vemos las cosas de manera equivocada. Antes que nada habría que darnos cuenta de que estamos del mismo lado. Quien no esté afiliado a un partido político y quien no tenga intereses, directos o indirectos, en el resultado de una elección —que no sea el del bienestar propio, en abstracto, y el progreso del país en su conjunto— es parte de la ciudadanía de la que la inmensa mayoría formamos parte. Estamos en el mismo barco, queremos y buscamos lo mismo: que este país cambie para bien. No hay que olvidar esa realidad a veces eclipsada, sobre todo al esgrimir opiniones políticas que atacan o defienden tal o cual postura. Estamos en esto juntos.

Los dos bandos contrarios a los que me refiero son, a grandes rasgos, quienes apoyan a Andrés Manuel López Obrador y quienes están en contra de su eventual candidatura. Me queda claro que dentro de los que están en contra hay matices, habrá quienes ya saben que van a votar por X o Y partido que no es Morena, pero creo que podemos estar de acuerdo en que la gran batalla es esa: estás o no estás con ese personaje que ha formado parte del escenario político mexicano por tanto tiempo. Le crees o no le crees. Yo me cuento entre quienes confían en él, y quiero explicar por qué.

En la casa en la que viví hasta mediados de mis años veinte llegaba el periódico Reforma puntualmente, todos los días, y recuerdo que cuando El Peje gobernaba la ciudad de México, poco antes de su primera candidatura para la presidencia, sentía una profunda aversión hacia él. No solamente por ese diario, sino también por la influencia de los principales programas de noticias, tanto de radio como de televisión, porque aunque procuraba (y sigo procurando) no ver televisión nacional, siempre se cuelan algunos minutos aquí y allá. Por todas partes se hablaban pestes. Lo veía o lo escuchaba hablar y el estómago se me revolvía. No puedo decir que lo odiaba porque no lo conocía, y sigo sin conocerlo, pero pongamos que no me caía nada bien, y así despotricaba en su contra junto con todos a mi alrededor.

Quiero pensar que soy una persona que escucha. Si a lo largo de mi vida he sido bueno para algo ha sido como alumno. Así fue como un profesor que tuve en la universidad, y que para ese entonces ya era uno de mis mejores amigos, me empezó a cuestionar esa aversión por ese oscuro personaje, a darme ejemplos y a pedirme pruebas. Yo seguí discutiendo quizá durante meses, peleando desde la trinchera de los contra, pero poco a poco mi viejo maestro me fue ganando la partida. Con el paso de los meses leía los editoriales con una perspectiva distinta, notando a veces los hilos de interés detrás de las palabras, pero sobre todo fijándome en los actos y escuchando las palabras de López Obrador desde otro ángulo, con mucho más atención, y yendo a las fuentes cuando era posible para comprobar si lo que decía era verdad. Es increíble el filtro que significan los medios de comunicación. Vemos el mundo desde esas ventanas, y cada una de ellas tiene intereses muy particulares.

Para la elección del 2006 ya era un converso, pero entiendo bastante bien al lado contra porque estuve ahí.

Hay tantos puntos de ataque que sería un despropósito intentar abarcarlos todos, pero me gustaría mencionar algunos. Hay decenas de indicios de que ese año hubo fraude, desde el contubernio con Elba Esther, las miles de irregularidades a lo largo del proceso para terminar con un 0.56% de ventaja para el PAN, cuando abandonaron el recuento de votos porque en todos los casos favorecía a AMLO, los spots televisivos pagados por los empresarios y un largo etcétera. La verdad es que mientras haya ganado el candidato que uno quiere, o deje de haber ganado el que uno repudia, a nadie parece importarle que hubiera habido trampa. En mi familia estoy rodeado de contras, y todos estaban felices porque de una u otra manera el engranaje político detuvo la candidatura de López Obrador. Ah, pero si hubiera sido al revés… Las pruebas de que sin tantas anomalías hubiera ganado están ahí, y el proceso fue tan sucio y el resultado tan cerrado que en una verdadera democracia debió de mínimo haber habido un recuento total de los votos, que con toda probabilidad le hubiera favorecido a él, por eso no lo hicieron. Si hubieran creído que si contando de nuevo los votos de todas formas ganarían lo hubieran hecho, y de esa forma habrían apaciguado a los millones que pedían ese recuento. El país estaba encendido.

Y así se dio el plantón de Reforma, que pudo haber sido un error, no lo sé, pero que fue una manera de evitar la violencia. Como lo ha dicho siempre, el suyo es un movimiento que es, ha sido, y será: pacífico. Mitofsky hizo una encuesta a sus seguidores en ese entonces, y más de la mitad opinaba que debían tomar el poder por la fuerza. Las aguas estaban muy altas, había masas de gente furiosa, y entonces para frenar esa marea potencialmente destructora se llevó a cabo ese acto de desobediencia civil pacífica. Una manera de luchar sin golpes ni balazos de por medio. Afectó a mucha gente y comercios y demás, sí, pero evitó una catástrofe mayor. No hubo un solo muerto, un solo herido, un solo enfrentamiento. Yo estuve en las calles varias veces, entre toda esa gente, y era evidente que habría sido fácil tomar el poder por la fuerza. Cientos de miles dispuestos a hacerlo serían imparables si se organizan y se da la orden desde arriba. El ejército no podría detener a tantos. Imposible. Sólo estando entre tanta gente te das cuenta del poder que puede tener una masa de ese tamaño. Pero habría habido muchos muertos a ambos lados, y quién sabe qué hubiera pasado después.

Ese no es el camino de Andrés Manuel. Él ha ido siempre por la vía pacífica y electoral, y esa lucha de más de 40 años se puede apreciar ahora, cuando todos los demás partidos le tiran por doquier. El Todos Unidos Contra López Obrador ha cobrado dimensiones alucinantes (y esto apenas comienza), lo cual es un indicio claro de que es un político diferente a los demás, si no ¿por qué todos en su contra? La respuesta es simple: porque la apolillada clase política no quiere perder los privilegios que ha disfrutado durante tanto tiempo, con el PRI prestándole la presidencia al PAN y de regreso, y el PRD uniéndose a nivel estatal con cualquiera de ellos para llegar al poder a toda costa. Si lo que busca Andrés Manuel fuera simplemente el cargo de ser presidente no le habrían hecho fraude en 2006, cuando Elba Esther le ofreció pactar e iba muy arriba en las encuestas. Era cuestión de sentarse a platicar con ella y con quien tuviera que hablar del PRI o del PAN para que no perdieran la calma, dejarlos con la seguridad de que sus privilegios seguirían intactos, como lo hizo Vicente Fox. Incluso pudo haber hecho eso y una vez en la silla presidencial voltearles la espalda, pero decidió ni siquiera sentarse a dialogar, y eso los enfureció, dándose cuenta de que el teatrito se les caería si él llegaba a ser presidente. La estrategia de hacerle creer a la gente que todos son iguales, incluido él, está funcionando en la ruta hacia el 2018, es una campaña de un éxito semejante a la del “peligro para México” en 2006, por eso hay que alzar la voz ante las calumnias y las mentiras. Claramente no son iguales. Las campañas publicitarias muchas veces funcionan, a pesar de estar forradas de engaños, al grado de que ahora resulta que el creador de la campaña del “peligro para México” quiere trabajar con él.

La comparación con Venezuela me parece el más burdo de los ataques en su contra. Él no es militar, no hizo un golpe de Estado cuando tuvo la oportunidad al alcance, durante su gobierno en la ciudad de México hizo muchos proyectos de la mano de la iniciativa privada, como la remodelación del Centro Histórico en asociación con Carlos Slim, y tiene proyectado hacer lo mismo a nivel nacional. En la ciudad de México, de cada peso que invirtió el gobierno, la iniciativa privada puso 30. Su tendencia política es de centro, ni siquiera diría que de izquierda, aunque a un lado de la derecha recalcitrante que supone el PRIAN su propuesta sí puede ser catalogada de esa forma: está a la izquierda de ellos. Cada vez más empresarios lo apoyan, porque se han dado cuenta de que el rumbo actual del país es insostenible. La corrupción lo ha corroído todo. Decir que si llega al poder “estaremos como Venezuela” es otra campaña publicitaria más, también con cierto éxito. Nada más alejado de la realidad.

Hoy de nuevo están temblando, pero el país ha cambiado, y el mundo también. Si no fuera por las redes sociales, el ubicuo filtro mediático nos seguiría vendiendo esa imagen del peligro para México, y de hecho es así, pero ya las ventanas se han multiplicado, son más pequeñas que los medios masivos pero hay muchísimas más, y siguen proliferando. Ya no es sólo lo que el locutor dijo que el candidato dijo, o la entrevista cortada, o las dos o tres palabras sacadas del contexto de un discurso. Todo eso se sigue dando, pero también está su página de Facebook, en la que se dirige a quien lo quiera escuchar directamente, sin censura. Me atrevería a sugerir a quienes están en su contra que se asomen a ese espacio de vez en cuando, con la mente abierta, para ver si están o no de acuerdo con él. En mi opinión sus palabras son bastante coherentes, pero que cada quien decida por su cuenta. También pueden leer alguno de sus libros o ver ¿Quién es el señor López?, el extenso documental de Luis Mandoki que consta de cinco partes, que se encuentran en YouTube.

También es coherente en sus acciones, y con esto no quiero decir que no haya cometido errores. Sin lugar a dudas se ha equivocado, y tampoco estoy de acuerdo en todas sus políticas. Por ejemplo, la idea de poner a plebiscito nacional el matrimonio entre parejas homosexuales me parece retrógrada, y su oferta de amnistía general a los corruptos si llega a ser presidente es también un error, un incentivo para que roben más en este año que falta. No, no es perfecto. No creo que sea el gran estadista que llevará las causas progresistas al Congreso, como legalizar la marihuana para de esa forma comenzar a atacar al narcotráfico sin violencia. No es eso tampoco. Lo que es cierto es que su gestión como jefe de gobierno de la capital fue notable, pero a mi juicio, lo más importante es que es, simple y llanamente, una persona honesta que lucha por intereses que van más allá de lo personal, porque si hubiera buscado dinero, con esa gran convocatoria popular, sería multimillonario. Politiquillos insignificantes han amasado fortunas que son verdaderamente majaderas. En su posición habría sido fácil volverse inmensamente rico. En cambio dedicó su vida a la transformación del país basado en un hecho principal: su honestidad. El departamento en la ciudad de México en el que vive, de 100m2, se lo heredó en vida a uno de sus hijos, y su parte del rancho La Chingada, compartida con sus dos hermanos, a otro de sus hijos. Vive de ser el presidente nacional de Morena, y antes de eso vivía del dinero asignado a cada partido, y de sus libros, porque además es un autor prolífico. No hay que olvidar que el movimiento que encabeza cuenta con aproximadamente 15 millones de personas a lo largo y ancho del territorio, los cuales creemos que este país lo necesita. Si a un político investigado por todas las instancias gubernamentales imaginables no le han encontrado nada en 20 años, en un país de una corrupción inmunda como el nuestro, ¿cómo dudar de su honestidad?

Pero hay tantas mentiras en esta guerra sucia que es difícil llevar la cuenta. Que si el coche deportivo de su hijo, que si los 500 mil pesos que le dieron a Cadena en Veracruz para que se los diera a Andrés Manuel, etc. Cada una de esas instancias se va desmintiendo, nada se le comprueba, tomando en cuenta que los servicios de inteligencia del Estado mexicano son excepcionales, pero a fin de cuentas quien quiere creer en ellos los acaba creyendo, y así la campaña de desprestigio surte efecto sin una sola prueba. Ahí está el registro público de la propiedad en donde cualquiera puede buscar los bienes que tiene, después del grito en el cielo de sus opositores cuando declaró en ceros su tres de tres. Si no es verdad, que lo demuestren.

Son tiempos de emergencia, y por eso hay que levantar la voz cuando tanta manipulación desvirtúa el debate político. Creo que se necesita que alguien como él, que no roba, sea presidente de México y haga un intento por limpiar el gobierno. Para como estamos eso sería suficiente, sin embargo sus planes para distintos sectores del país son cada vez más robustos, comenzados en 2012 y perfeccionados para la elección del año entrante.

No lo conozco personalmente pero he acudido a un buen número de sus intervenciones públicas, en el Zócalo, sobre Reforma o recientemente frente al Monumento a la Revolución, y lo que veo a su alrededor es un partido político con gran injerencia de la población. Es un movimiento ciudadano.

Viene la elección del Estado de México. Delfina Gómez, maestra de escuela con dos maestrías, es hija de un albañil y ha vivido en la misma casa desde que nació. Es la única candidata que no vive en una gran mansión, la única honesta, y hasta que no le prueben los ataques de los que ha sido víctima no se puede decir que no lo sea. Ya veremos. No tiene tantos años en el ojo público, así que habrá que ver, pero por lo pronto lo mismo opino de ese caso: es necesario que llegue a gobernar alguien externo a la camarilla de corruptazos que ha sido siempre el grupo Atlacomulco. Que pierda el PRI, y que gane Morena su primera gubernatura para ver de qué es capaz. Ya le toca. Los demás han tenido su oportunidad y sólo han robado. Es hora de ver si Morena tiene no sólo la capacidad, sino la entereza para cumplir sus promesas. Si no es gobernando, ¿entonces cómo?

 

Twitter del autor: @jpriveroll

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